Desde pequeña siempre me gustó crear cosas con las manos, manualidades, dibujo, pintura… Recuerdo hacer vestidos a mis bratz con cualquier trozo de tela, globo, o cualquier adorno con el que pudiera crear algo nuevo, lo que fuera. No hacer nada nunca fue una opción.
A día de hoy me sigo preguntando como hay gente que puede vivir sin esa necesidad de crear y expresarse. Sé que el tiempo es limitado y que la vida nos pasa muchas veces por encima. Trabajo independientemente de Corahe, con unos horarios y turnos verdaderamente jodidos, sé que lo que menos tenemos muchas veces es tiempo. Pero necesito crear por muy cansada que esté, por mucho agobio que sienta o por muy sobrepasada que me encuentre.
Además, desde hace casi dos años me acompaña en mis ratitos de taller y en todo el proceso creativo Corahe, pero Corahe mi gata jajajaja. Un animal muy independiente pero a la que le encanta observar todo lo que pasa a su alrededor y obviamente el taller le parece un espacio muy divertido e interesante. Por suerte no juega con las tiras de cuero o sintético, solo se vuelve loca con las cuerdas de los corsés y faldas. Es una consentida, a la que a veces le gusta posar.










Por todo esto para mi Corahe no es un trabajo, es una forma de liberarme y expresarme. Mis momentos de taller son más que necesarios porque son los que me permiten centrarme, desfogar y desconectar de todo el ajetreo que la vida adulta nos trae. Estos momentos hacen que me centre y disfrute del propio proceso creativo. No se trata de más o menos productividad, se trata de experimentar y probar cosas nuevas, aprender y seguir aprendiendo.
Muchas veces lo he dicho, y es que Corahe me da la vida y sé que me ha salvado de caer al fondo.





